31.05.2011
Lo aviso. Que se abstengan de leer este artículo los fumadores. Lo que voy a contarles no servirá para que dejen de fumar. Nadie deja el tabaco de forma voluntaria a menos que un episodio personal o familiar les haya fastidiado la vida (como el haber sufrido o muerto de un infarto agudo de miocardio, de un enfisema pulmonar, de un cáncer de boca, de esófago, de estómago o de pulmón, haber tenido un bebé de muy bajo peso o malformado). Ni por amor se deja de fumar, aunque aquí excluyo a la mayoría de las embarazadas y a muchos padres y madres de niños con enfermedades crónicas respiratorias como el asma o la fibrosis pulmonar. Tampoco han dejado de fumar un tercio de los profesionales sanitarios. Los únicos que pueden dejar de fumar o no fumar nunca son los jóvenes. A esos les dedico mi artículo.