A principios del siglo XX una epidemia neurológica dejó a miles de personas atrapadas entre el sueño y la inmovilidad
Entre 1916 y finales de la década de 1920 se registraron en Europa y Norteamérica miles de casos de encefalitis letárgica, una enfermedad de origen incierto que deja a quiénes la sufren en un estado de somnolencia y debilidad. Los pacientes de esta extraña epidemia presentaron fiebre, visión doble, movimientos anómalos y estados de rigidez e inmovilidad prolongada.
Nunca se identificó con certeza una causa única. Durante décadas se sospechó de vínculos con la gripe de 1918, pero la relación sigue siendo discutida y no existe consenso definitivo. Muchos de los supervivientes desarrollaron años después un síndrome parecido al párkinson postencefalítico. En los años sesenta, algunos recuperaron temporalmente movilidad gracias a la L-DOPA, una historia relatada por el neurólogo Oliver Sacks y llevada al cine en la película Despertares.
Más de un siglo después, la encefalitis letárgica sigue siendo uno de los grandes enigmas de la medicina moderna.