Lo que un perro caótico nos puede enseñar sobre el deseo de tenerlo todo bajo control
William Davies compró una bóxer llamada Dusty y descubrió que convivir con un animal no siempre se parece a la imagen amable de los anuncios. Los paseos podían convertirse en una negociación tensa. Una carrera hacia otro perro, una orden ignorada o una correa mal gestionada bastaban para que aparecieran la culpa, la vergüenza y la sensación de fracaso.
A partir de esa experiencia doméstica, Davies construye en este artículo para The Guardian una reflexión sobre el poder. Educar a un perro implica premios, rutinas, límites físicos y paciencia, pero también obliga a asumir que somos responsables de seres que no comparten nuestras reglas morales.
Partiendo de los perros, Davies explora cuestiones que afectan a temas como la familia, el trabajo, la vigilancia, la tecnología y la política. Y de una época que promete más control justo cuando más cerca parece estar de perderlo.