27.06.2007
Mientras semejantes atrocidades puedan cometerse, en 1902, y a las puertas de Madrid, no habrá motivo para indignarse de que los extranjeros quieran comprarnos el Entierro del conde de Orgaz. Cuantos tesoros de arte guardan, desde la más humilde iglesia hasta la catedral de Toledo, pertenecen a la nación, la cual debe prohibir en absoluto su venta. Mas, para que esta medida sea eficaz, hace falta antes catalogar con inteligencia, conservar con respeto y exponer dignamente, en los mismos sitios en que se encuentra ahora, toda aquella riqueza artística. Para poseerla hay que merecerlo. No basta lamentarse. Agitar y encauzar la opinión en tal sentido, no sólo con palabras, sino con hechos, fomentando por dondequiera las sociedades locales y las misiones para la protección del arte, influyendo en el gobierno o mandándolo desde el mismo, es un deber elemental de todo aquel a quien en serio le duela tan bochornoso abandono.