Desde la aparición del cine sonoro a finales de los años 20 del siglo pasado, las películas han sido consideradas como un vehículo privilegiado para suscitar el interés por las lenguas y para ser utilizadas como herramientas útiles en la enseñanza de idiomas para un público extranjero. Las “guerras” de protección de los mercados nacionales frente a la difusión de películas de habla extranjera tuvieron una extraordinaria importancia en las décadas siguientes.