El artículo publicado recomienda igualmente cinco soluciones, como por ejemplo realizar un seguimiento de las explotaciones en base a criterios científicos, poner a disposición guías prácticas de restauración adaptadas a cada contexto, crear una red de espacios restaurados con éxito que sean fuente de inspiración e implicar a las administraciones, sector y agentes del territorio en todo el proceso
No hay dudas, las minas y canteras destruyen el medio natural terrestre y pueden generar problemas de contaminación de aire y agua. Sin embargo, parte de nuestra actividad depende de ellas para obtener materiales de todo tipo (arenas, piedra, minerales, etc). ¿Existe margen de mejora pues en estas actividades? Un reciente estudio con participación del CREAF, resumido ahora en un policy brief publicado por la Society for Ecological Restoration Europe (SERE), concluye que minas y canteras pueden llegar a convertirse en islas de biodiversidad si se aplica el conocimiento científico existente. También recalca que la recuperación de estos espacios deben constar como una prioridad dentro de los planes nacionales de restauración; unos planes que actualmente se están redactando y que son obligatorios con la nueva Ley Europea de Restauración.
El artículo publicado recomienda igualmente cinco soluciones, como por ejemplo realizar un seguimiento de las explotaciones en base a criterios científicos, poner a disposición guías prácticas de restauración adaptadas a cada contexto, crear una red de espacios restaurados con éxito que sean fuente de inspiración e implicar a las administraciones, sector y agentes del territorio en todo el proceso.
Para llegar a estas conclusiones, el estudio ha analizado más de 500 explotaciones en diez países europeos y los resultados muestran que la regeneración natural puede ser muy efectiva, pero que el éxito depende de comprender bien las condiciones específicas de cada sitio y de mantener un seguimiento a largo plazo.
De la destrucción al refugio natural
El policy brief desglosa el potencial que tienen las canteras y explotaciones mineras de pasar de ser espacios degradados y sin vida, a convertirse en refugios o islas de biodiversidad. Con una buena planificación guiada por la ciencia, ya menudo también gracias a la regeneración natural, estos paisajes pueden renacer como mosaicos de hábitats ricos y diversos, que incluyen prados, matorrales, bosques jóvenes o zonas húmedas . Por ejemplo, antiguas arenas pueden evolucionar de forma espontánea hacia dunas y taludes vegetados que crean una combinación de espacios abiertos muy valiosos por la fauna. En otros casos, las balsas que se forman después de la extracción, pobres en nutrientes, se convierten en lugares de cría clave para anfibios en declive, mientras que las paredes verticales de arena o roca ofrecen espacios de nidificación para pájaros como el águila perdicera.
Además, si las explotaciones están cerca de paisajes agrícolas intensivos y muy homogéneos, una vez recuperadas pueden actuar como refugios para insectos, mariposas y plantas, gracias a su heterogeneidad y al hecho de que a menudo mantienen condiciones que ya no se encuentran en otros lugares. Con el tiempo, la combinación de zonas en diferentes estadios de sucesión genera una gran diversidad de hábitats conectados entre sí capaz de reforzar la infraestructura verde y contribuir de forma clave a la recuperación de la biodiversidad. "En este sentido, es clave entender que no sustituyen a los ecosistemas bien conservados, sino que los complementan, ayudando a ampliar y fortalecer la red de espacios naturales en un contexto de creciente presión sobre el territorio", concluye Carabassa.
La Falconera, un ejemplo de éxito cercano
El grupo de investigación Protecsols del CREAF lleva años trabajando para mejorar estas prácticas extractivas y hacerlas más respetuosas, mirando cómo restaurar los hábitats que impactan o llevando a cabo acciones concretas de conservación de especies, entre otros. Parte de su éxito se enmarca en la restauración de La Falconera, una cantera de roca caliza, explotada por la empresa MOLINS SA, en la que se han realizado varios proyectos de investigación para mejorar su restauración. Concretamente se han cubierto las zonas abiertas y degradadas con suelos artificiales o tecnosols hechos a medida, con mezclas de tierra, paja y otras enmiendas orgánicas como el compost. Sobre esta tierra nueva, se han hecho crecer plantas específicas que han dado lugar a hábitats de interés prioritarios, como la maquia mediterránea (con arbustos y árboles acostumbrados a la sequía) o los prados secos calcícolas, un hábitat especialmente interesante para el águila perdicera, una especie protegida que la Diputación de Barcelona quiere mantener con esta Diputación de Barcelona.
De hecho, Cataluña es pionera en la aplicación de estos principios, ya que el seguimiento de la restauración ya se realiza teniendo en cuenta criterios científicos y guías y manuales, como son el Manual Restocat de restauración de actividades extractivas o el Protocolo de seguimiento con drones de las medidas de restauración . Asimismo, en Cataluña existen multitud de ejemplos de restauración exitosos y un trabajo en red entre empresas, administraciones y centros de investigación. "En este sentido podríamos decir que Cataluña es un living lab en restauración minera referente a nivel Europeo", concluye Carabassa.
Referencia bibliográfica:
Ballesteros, M., Rehounková, K., Decleer, K. et al. Maximización biodiversity potencial en Europe's minas y quarries: A key role para EU Nature Restoration Regulation targets. Ambio 55, 280-296 (2026). https://doi.org/10.1007/s13280-025-02235-4