
La satisfacción interior
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Los resultados experimentales mostraban las exóticas propiedades esperadas para una capa de grafeno verdaderamente bidimensional: los electrones es desplazaban en este material con enorme movilidad, como si, de hecho, su masa efectiva fuese nula | |
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En las siguientes semanas André y Kostya consiguieron colocar contactos eléctricos en esta película ultradelgada de grafito y medir el transporte de corriente a través de ella. ¡Bingo!. Los resultados experimentales mostraban las exóticas propiedades esperadas para una capa de grafeno verdaderamente bidimensional: los electrones es desplazaban en este material con enorme movilidad, como si, de hecho, su masa efectiva fuese nula. La publicación de estos resultados en Science en 2004 desató una autentica fiebre en la comunidad científica. De repente, muchos teóricos rescataron toda una serie de predicciones de sus cajones, decenas de experimentales se lanzaron a reproducir los resultados, mientras André y Kostya adoptaron la sabia actitud de colaborar con multitud de colegas compartiendo su loca manera de preparar el nuevo material.
La avalancha de interés, resultados y posibles aplicaciones ha sido imparable desde entonces. Ha sido posible crecer epitaxialmente una sola capa de grafeno en multitud de substratos, un trabajo en el que fueron pioneros los laboratorios de IMDEA Nanociencia, y se ha comprobado que esta membrana de un solo átomo de espesor es el material más flexible, duro, transparente e impermeable(¡) que conocemos. En lo referente a posibles aplicaciones, se han fabricado con él transistores analógicos con frecuencias de más de 40 GHz, de relevancia para comunicaciones, pantallas táctiles más transparentes y mejores conductoras que las actuales, contactos para células solares, filtros para purificar agua y una pléyade de posibilidades que podrían estar en el mercado próximamente.
A pesar de esta enorme excitación (o tal vez a causa de ella), el anuncio, en Octubre de 2010, de la concesión del Premio Nobel de Física a André Geim y Kostantin Novoselov, desató una marejada de críticas al comité Nobel por haber presentado una argumentación inexacta para justificar la concesión del premio. Walt de Heer, un científico del Instituto Tecnológico de Georgia en EE.UU. de blanco bigote y cuidada melena, que ha trabajado en grafeno estos últimos años y aspiraba al Nobel, ha remitido una carta al comité, publicada en Nature en Noviembre de 2010, que cuestiona que las primeras medidas de Geim y Novoselov se hubiesen realizado en una capa de grafeno, sino más bien en una película delgada de grafito compuesta por muchas capas de grafeno, recuerda que otros investigadores habían aislado grafeno ya en 1962 y asegura que la concesión del Premio ha sido prematura. A este punto de vista crítico, quizás despechados, se están sumando otros científicos.
Sin embargo, durante la ceremonia de entrega de los Premios en Estocolmo el 10 de diciembre de 2010, Kostantin Novoselov, con su corpachón de campesino ruso embutido en un traje nuevo y sentado en una incómoda silla, probablemente pensará en sus gemelas, que duermen peor desde la concesión del Premio, se seguirá asombrando de la avalancha de periodistas que han escarbado en su timidez, o quizás le preocupe cómo responder a las expectativas que va a despertar entre sus colegas, siendo uno de los más jóvenes galardonados con el Nobel, pero sabrá que nadie podrá arrebatarle la satisfacción intima que sintió al cerrar lentamente la puerta del laboratorio y alejarse entre las vacías calles de Manchester aquel amanecer.
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