Cómo hacer que la enseñanza de las ciencias ayude a la consecución de los objetivos de Lisboa
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Europa debe mejorar en la producción de conocimiento a través de la investigación, difundiéndolo a través de la educación y aplicándolo a través de la innovación | |
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La economía y el bienestar de los ciudadanos dependen del avance del conocimiento y de su transformación en nuevos productos, procesos y servicios. Esto es especialmente cierto en el caso de Europa, que no puede competir sobre la base de sus recursos naturales y que tampoco pretende competir con mano de obra barata o a expensas del medioambiente. Europa debe responder incrementando su productividad y a través del valor añadido de sus productos y servicios. Al mismo tiempo, el conocimiento es un componente crucial del modo de vida europeo. El conocimiento apoya el crecimiento sostenible: la mejora del nivel de vida, de la calidad de vida, la salud y el medioambiente dependen en gran medida del avance del conocimiento y de su aplicación para abordar los retos y problemas de la sociedad. Por eso, Europa debe mejorar en la producción de conocimiento a través de la investigación, difundiéndolo a través de la educación y aplicándolo a través de la innovación.
En toda Europa los estados miembros están empezando a darse cuenta del problema que plantea el decreciente interés por las ciencias y las matemáticas entre los jóvenes. Se reconoce que el propósito de la educación no es únicamente la transferencia de competencias (saber leer, escribir y contar, conocer la sociedad en la que vivimos, y crear naciones de ciudadanos), sino también desarrollar la capacidad de pensar, reflexionar y manejar la información de un modo racional y estructurado.
Las clases de ciencias tienen que hacerse más atractivas para los estudiantes, transmitiendo de un modo más positivo la imagen de la ciencia y de los científicos. Los jóvenes deben saber que los científicos resuelven problemas que afectan a su vida diaria, y no inventores de "cosas peligrosas". Por ese motivo, los alumnos tienen que experimentar su propio aprendizaje como algo real y "hacer ciencia" en lugar de "aprender sobre la ciencia". Las asignaturas de ciencias deben acercarse al nivel de conocimiento y compresión de los alumnos para que los alumnos adquieran una imagen de la ciencia dentro de su propio contexto cultural, en lugar de dedicarse a enseñar conceptos sofisticados.
Fue precisamente en este contexto en el que la Comisión Europea anunció en noviembre del año 2006 la creación de un grupo de expertos que analizase qué medidas podrían adoptarse en Europa para apoyar la enseñanza de la ciencia en escuelas de primaria y secundaria. El grupo, presidido por Michel Rocard, ex Primer Ministro de Francia y en la actualidad miembro del Parlamento Europeo, presentó su informe y recomendaciones en junio de 2007[1].
El diagnóstico realizado por el grupo se basa en un análisis de iniciativas que ya se están implantando. A partir de dicho análisis se han identificado una serie de elementos de know-how y buenas prácticas que podrían cambiar radicalmente el interés de los jóvenes por el estudio de las ciencias. El grupo argumenta a favor de un nuevo método de enseñanza de las ciencias que supone una ruptura radical con los métodos pedagógicos tradicionales, según el cual el cambio de una pedagogía esencialmente deductiva a un método inquisitivo basado en la curiosidad puede ser el mejor modo de incrementar el interés por la ciencia. Este método, en el que el profesor acompaña al alumno ayudándole a descubrir la ciencia, estimula la capacidad de observación, de razonamiento y la imaginación del niño/a.
Este último es uno de los principales pilares de la existencia de Europa, ya que la propia Unión Europea se basa en el intercambio y la cooperación entre países que tienen un patrimonio cultural rico y diverso. Cada año aumenta el número de participantes en el Concurso Europeo, que se está convirtiendo en un evento cada vez más importante y visible, cuyo foco de atención son los jóvenes y su creatividad. La edición de este año, celebrada en la Universidad de Valencia, reunió a 124 participantes (80 chicos y 44 chicas), que presentaron un total de 81 proyectos sobre diversas disciplinas científicas, desde la astronomía a las ciencias de la Tierra, pasando por la biología, la medicina y la sociología. El nivel de los participantes se ha mantenido muy alto, y varios participantes de ediciones pasadas han logrado avances científicos notables o han creado empresas para comercializar las ideas presentadas al Concurso. Entre los ganadores del Concurso de este año había participantes de Alemania, Hungría e Irlanda. El jurado (compuesto por 15 miembros) seleccionó proyectos de campos tan variados como la física, la biología y las matemáticas. Con su apoyo a este tipo de eventos dirigidos principalmente a los jóvenes, la Comisión Europea pretende potenciar los esfuerzos que realiza cada país en aras de convencer a un mayor número de jóvenes para que estudien carreras de ciencia y tecnología. [1]"Science Education Now: A Renewed Pedagogy for the Future of Europe". European Commission ISBN 978-92-79-05659-8 Versión en Inglés |
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